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DESMAYO

Recuerda esta danza una eterna historia de amor en la que se nos muestra, como aparecerá reflejado en todas las historias que tienen este carácter, el poder de la seducción, el desdén, la perseverancia, el enamoramiento y el final feliz.

El Desmayo nos permite contemplar, a través de la música que ofrece la gaita y el movimiento medidamente coordinado de los danzaris, todo el proceso de una conquista amorosa entre un hombre y una mujer.

Al igual que en el Corroncho, D. Francisco Beruete estructuró la danza en tres partes bien definidas.


En este caso, es la argumentación de la historia de amor la que dirige el comportamiento de los danzaris. El maestro de danzas denominó a estas tres partes con los nombres de Requiebro, Desmayo y Alegría, respectivamente. La titulación de cada una de estas partes está perfectamente adaptada al argumento que refleja. En el Requiebro, se evidencia el coqueteo de las danzaris y la altivez que muestran ante el interés de los pretendientes. Tras este flirteo con la coquetería, son ellos, los pretendientes, quienes, en común decisión, toman la iniciativa y simulan un desmayo que, lógicamente, tendrá un efecto demoledor entre las danzaris. Termina la danza, y la historia de amor, con un final feliz en el que las chicas hacen partícipes a los chicos de su baile, con el pañuelo como vehículo de unión, regocijándose con el encuentro final.


En el interior de esta recreación amorosa nos encontramos con una música de viejo sabor en la ciudad del Ega: la correspondiente al baile del Desmayo. Esta música, que D. Francisco Beruete recogió de la tradición popular, inspiró al coreógrafo para dar otro sentido al desmayo que los jóvenes escenificaban por las calles de Estella como modo de diversión. Su imaginación le llevó a utilizar ese desmayo como punto culminante en la historia amorosa entre los danzaris. El resto, lo recogería, como ya venía siendo habitual, del repertorio compuesto por D. Julián Romano, gaitero de la ciudad. En este caso, el Requiebro lo musicaría otro de los bellos rigodones del famoso gaitero y la Alegría se entonaría con una alborada -de origen incierto- que todas las sagas de gaiteros estelleses han interpretado a lo largo de los tiempos.

Es el Desmayo la danza que más curiosidad despierta al espectador, porque en ella se teje y se vislumbra a la perfección esa historia de amor que tan cotidiana y entrañable se nos hace a todos. Destacable en su ejecución por la extrema coordinación que los danzaris deben respetar a lo largo de sus tres actos. El Desmayo es una rara avis en el paraíso de los bailes tradicionales.

Desmayo, Dantzari Txiki, Ansoain, 1998
Desmayo, Día del Baile de la Era de Estella, 25-05-2002